YO

Es redundante arrancar una oración con el Yo cuando el verbo al conjugarlo nos permite suponerlo. 

No obstante, hay historias en las que esa redundancia es una afirmación impostergable que sirve como anclaje en el centro de una tormenta. 

NARRO

Y hay miles de tormentas.

Los destrozos que el hombre produce sobre sí -sean singulares, grupales o colectivos-, también son desastres naturales.  

Me gustan las ruinas.

 

 

EN

Me interesa secuestrar los personajes con un falso movimiento de sinceridad.

Tras aceptar la noticia, el cáncer señala con destellos luminosos a la guillotina del tiempo.

Siempre                          estuvo                          afilada.  

 

PRIMERA

¿Para qué te dejas engañar como si la fotografía fuera documental de un proceso? ¿De un momento? 

Congelo historias míticas como plan de escape a la culpa que me genera la deuda en todos los nuevos nietos.

En la naturaleza que nos sucede.